No quiero enseñar mi piel: Cómo mejorar nuestra autoestima

mejorar autoestimaLlega el verano. Las vacaciones. Momento en el que los amigos y familia nos invitan a la playa, a la piscina, a hacer una excursión, a tomar algo en una terraza. Y quizás, el momento que más tememos, el de mostrar nuestras placas o la inflamación de nuestra piel.

Es muy complicado comprender lo que una persona con psoriasis, dermatitis atópica o dermatitis seborreica siente cuando sabe que va a exponer su piel a la mitrada de otras personas.

Hay muchos afortunados que tienen una autoestima fuerte y una seguridad en sí mismos a prueba de hierro que no hay mirada ajena que pueda tumbar. A todos ellos desde aquí les queremos felicitar porque estamos seguros de que es algo que les ha costado esfuerzo y que sin duda repercute en una mejor calidad de vida.

Pero la lástima es que no todo el mundo es así y es posible que las malas experiencias y una baja consideración de sí mismos provoque que mucha gente se sienta mal cuando sabe que debe exponerse a la mirada ajena.

¿Qué podemos hacer para sentirnos más seguros y tranquilos cuando sepamos que vamos a enseñar las placas o la inflamación de nuestra piel?

Lo primero de todo, debemos pensar que cada una de esas personas que pueden hacernos sentir incómodos tienen sus propias batallas. Esa persona que nos mira en el metro es posible que tenga complejo por sobrepeso. Y la que nos mira en el trabajo, odia su nariz. Quien nos observa en el ascensor quizás sea extremadamente tímido y tenga problemas en sus relaciones sociales.

No queremos decir que todo el mundo tenga complejos, sino que todos tenemos cosas que no nos gustan en exceso y que eliminaríamos sin pensar de nuestro cuerpo o de nuestra personalidad si estuviera en nuestra mano.

Pero no por ello debemos centrar toda nuestra atención en lo que no nos gusta. De hecho, es una buena razón para que hagamos más caso a lo que nos gusta de nosotros mismos y que le demos más energía.

Quizás tengamos placas, pero es posible que tengamos una sonrisa arrolladora. O un pelo precioso. O una manera de contar chistes que hace reír hasta al más serio. O somos el amigo más leal jamás encontrado. O un cocinero amateur de quitarse el sombrero.

No somos personas con psoriasis. Somos personas que tienen un trabajo, familia, amigos, el pelo largo, un coche, aficiones y además psoriasis. Si nosotros lo vemos así y actuamos dándole esa importancia, será más fácil que el resto de personas le den la misma importancia. Ninguna.

Además, quien nos mira en el metro, nos va a mirar durante cinco segundos, no más. Le va a dar igual. Quizás no sepa lo que nos pasa, pero quizás sí y cuando nos observe, pensará ‘mira, tiene psoriasis y no le sabe mal que la gente vea sus placas, bien por él’. Sin más.

Y aunque tengamos la mala suerte de encontrar a una persona que nos mire mal, ¿qué nos importa? ¿para qué vamos a prestar atención a lo que piense alguien por la calle a quien no conocemos de nada y que quizás no volvamos a ver en nuestra vida? ¿acaso nos importa su opinión sobre cualquier aspecto de nuestra vida? Por supuesto que no.

Si queremos sentir el apoyo de familiares y amigos y que sus miradas de aprobación nos hagan sentir más tranquilos cuando salgamos a la calle, debemos explicarles muy bien lo que nos ocurre, por qué surge y qué implicaciones tiene.

Por último, cuidarnos bien es lo más importante para conseguir convivir de forma sana con nuestra condición cutánea. Cuanto más sigamos el tratamiento y las indicaciones del médico, más controlados estarán los brotes y más tranquilos estaremos.

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