Tengo ansiedad y mi piel lo refleja, ¿qué hago?

stk116189rkeNuestra piel refleja cada cosa que nos pasa, las experiencias que vivimos, lo que comemos y sentimos. Por ello, si estamos sufriendo una etapa de estrés y ansiedad, nuestra piel también está haciéndose notar.

 

Si además padecemos psoriasis, dermatitis atópica o dermatitis seborreica, sabemos de sobra cómo las etapas de mayor nerviosismo e intranquilidad en ocasiones derivan en más y más agresivas lesiones en la piel.

 

Por tanto, ¿cómo podemos hacer para calmar la ansiedad y evitar que nuestra piel se vea muy afectada?

Lo primero que en todo caso debemos hacer es aceptar la situación y reconocerla. Si ignoramos nuestra ansiedad y solapamos nuestro día a día con actividades para no enterarnos de que lo estamos pasando mal, será mucho peor.

A solas, en un ambiente tranquilo, asumamos que estamos teniendo un periodo un poco torcido de nuestro ánimo. Acompaña esa sensación de reconocimiento con dos verdades como templos;

La ansiedad es un estado temporal. Pasará. No estaremos así siempre.

– Podemos con esa ansiedad y debemos tener confianza en que sabremos gestionarla.

Una vez hemos asumido esto y sin olvidar que cuanto más trabajemos por nuestro bienestar, más pronto llegará la calma, debemos hacer un profundo análisis de nuestro estado de ánimo y señalar las cosas que nos inquietan.

Puede ser útil que para este momento usemos libreta y papel y volquemos lo que nos pasa. Escribiendo, intentando ser objetivos con nuestras sensaciones, debemos hacer una lista de lo que nos provoca esa ansiedad.

Podemos usar esa lista para ‘contradecir’ nuestros motivos de nerviosismo o al menos, ponerlos en su justa medida y colocarlos en una escala de valores normal. Por ejemplo, si estamos alterados porque pronto sabremos si nos renuevan el contrato y es importante para nosotros seguir trabajando, podemos apuntar que sabemos que nuestro jefe está contento con nuestras tareas y la confianza que en otras ocasiones ha demostrado por nosotros.

El siguiente paso consiste en buscar algo que nos haga sentir bien y felices de forma deliberada. Si nos conocemos bien, cuando pensamos en qué nos hace sentir en calma, tendremos una respuesta rápida. Ir a la playa, dar un paseo, dormir un rato, leer, ver una peli… Aunque no tengamos ganas, debemos hacer un esfuerzo por crear situaciones relajantes y agradables para nosotros.

Cuanto más invirtamos en nuestro bienestar, aunque sea de forma forzada, más fácil nos será recrearnos en lo bueno y no en lo malo.

Dedicar cada día unos instantes a la meditación y a la relajación acompañada por la respiración nos puede ayudar a disminuir el estrés diario. Tan solo debemos encontrar un rato en el que estemos tranquilos, elegir una estancia alejada de ruidos, poner una luz relajante e incluso música, cerrar los ojos y respirar de forma profunda.

La meditación y la relajación son métodos magníficos para disminuir el nerviosismo y si podemos acudir a clases de yoga, en las que nos ayudarán a conectar con nuestro cuerpo, muchísimo mejor.

Si sentimos que aún así no somos capaces de gestionar la ansiedad o que no conocemos el motivo por el cual no podemos llevar una vida tranquila, lo más adecuado es acudir a un profesional para que nos ayude a gestionar nuestra felicidad.

Cualquier persona puede sacar rendimiento de la terapia y aprender a sobrellevar la ansiedad, con los beneficios para nuestra mente y nuestra piel que conlleva, puede ser una buena herramienta que nos servirá durante toda la vida.

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